Capitulo 11

– Que soy un desmadre que no tengo a nadie
Que digo mentiras cuando llego tarde
Pues paso las noches con otras princesas
Escuchando banda con wisky y loquera

Marco

Esto es el DF. Al llegar en avión sobre este charco enorme y colorado es difícil saber lo que nos espera. Solo se tiene que saber, ante todo, que es un desmadre; una forma de caos primitivo. Para un desmadre digno del nombre, hay que tener unos elementos importantes. Un chingo de gente de todos colores y sabores: Pobres, ricos, pendejos, supercerebros, amables, mamones y demás. Todas estas personas traen consigo objetos de su pueblo, adornos de sus gustos, filosofía de su nación, música de su agrado. Es importante ponerlos a todos en el mismo lugar y dejarlos hacer lo que quieran. Claro, un poco de vigilancia se necesita para un desmadre. Desde el tipo de héroe nacional, hasta el peor ladrón. Obispos de corazón y chacales con pasión.

Aztec_pyramids_(at_Tenochtitlan)

La mayoría de las ciudades están en lugares estratégicos. México-Tenochtitlán lo estaba, por eso los aztecas fueron tan poderosos también. Pero al pensarlo bien ahora, ¡qué pinche pendejada construir la urbe más grande del mundo sobre un lago! No mames. Ahora el centro histórico se está cayendo lentamente. Se ven edificios que cuelgan, paredes de iglesias con grietas de un lado a otro. La fachada del museo Franz Mayer se va a caer pronto. Se está pudriendo todo el centro histórico. La época colonial, aunque se acabó hace mucho, se ve todavía en cada calle del centro. Pero se está descomponiendo todo, menos el Palacio Nacional. La Catedral está tan sucia que sus paredes se ven casi negras y en la noche por los alrededores andan ladrones, drogados y callejeros. Indigentes que nadie quiere ver, mas que las cámaras de seguridad que espían el centro días tras noches tras días. Por el Zócalo, centro de la ciudad, pasan 1,2 millones de changos diario. Dependiendo de la estación, hay entre 2000 y 7000 puestos de venta, de todo y de nada, pero mucho más de nada. De día hacen limpiezas los chamanes al lado de la Catedral. Claro, se ponen ahí también porque al lado de la Catedral pasan muchos turistas, pero también porque desde ahí se ve el Templo Mayor. El Templo sigue siendo, de cierta manera, un lugar de culto nahua, aunque no se permite hacer ceremonias en el Templo Mayor – ahora sólo es un museo, encerrado en el pasado. Lo único que pueden obtener los creyentes nahuas son unas limpias de los chamanes junto a la Catedral. Siempre está la muchedumbre abajo de la bandera, el ruido estruendoso de los gritos, del tráfico y sobre todo de los cilindros. Los órganos de la calle, viejos y desafinados, propagan por el aire melodías antiguas y burlescas. Se encuentran muchos de esos en el centro histórico, con su música, si se le puede dar ese título, vestidos con su uniforme beige, dándoles una falsa apariencia de dignidad. Pero igual se ven pobres y cansados, las ropas desechas con la gorra hacía atrás.

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Al escucharlos uno entiende mejor la historia del matemático Charles Babbage, quien inventó el concepto de polución sonora. Pero acá hay tanto ruido que no cambiaría mucho matar a los organilleros. El centro histórico representa solo 0,6% de la superficie de la ciudad de México.

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Capitulo 11