Capitulo 8

– Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos.

Porfirio Diaz

Ricardo ya estaba en pie, listo para empezar el dia, como debe de ser. Su recamara se veía bien limpia, como el resto de su departamento. Si, él tenía todo un departamento. Las paredes tenían imágenes de películas como Amores Perros, Y Tu Mamá También. Su biblioteca dejaba ver una larga lista de títulos extranjeros, así como libros mexicanos tales como El Apando, El gallo de oro de Rulfo y unos libros de Carlos Fuentes. 

Una máquina para hacer ejercicio y una computadora adornaban el lugar. Se bañó con agua caliente, se puso sus cremas hidratantes en la cara. Rasuró su barbita con su rasuradora electrónica. “Ahora, a desayunar.” El desayuno es la comida más importante del día. Esta mañana, mangos jugosos, un vaso de leche, cereal de trigo entero. Simple y enérgetico. Rápido. Vivía solo en el departamento, y eso le gustaba, le gustaba ser independiente, sobre todo. Le gustaba el arte. Le gustaba saber muchas cosas. De hecho, sí sabía muchas cosas: sabía como ser inteligente, encantador y elegante. Todo es un arte sutil. El arte máximo era el de ser Condechi, aunque vivía en Polanco.

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Capitulo 8