Capitulo 3

– La tierra para quien la trabaja

Emiliano Zapata
popocatepletl-y-ciudad

Un perro lamía restos de cerebro en la calle. La calle estaba bien sucia, basuras de trecho en trecho. Era el amanecer. Lentamente se despabilaba un DF que nunca duerme. Ya se vendía el atole en las calles. El Caníbal de la Guerrero desayunaba a su novia, en cuadritos con leche y cereales. O ex novia; no tuvieron tiempo de hablar de eso antes de matarla. Bien, él es un poco loco, pero si esas cosas pasan, uno puede leer el Alarma. La muchedumbre ya había llenado el metro, el metro más largo del mundo, el metro interminable. El ruido poco a poco crecía hasta convertirse en muros que aprisionan a cada quien en su silencio si no gritas. El tráfico se cristaliza y las calles se vuelven estacionamientos gigantes que deslizan como la lava del volcán Popocatépetl. Al llegar en avión al aeropuerto Bendito Juárez, se ve el mar de casas. Es una de las cosas más impresionantes que uno puede ver en esta época. Casas de todos colores, por todos lados, como si fuera un mosaico cabrón hecho por un grupo de esquizofrénicos anarquistas, trabajando al principio cada quien en su pedo, pero choqueándose al fin en la garrafal ciudad de México, como pasó con los pueblos y altéptl que formaron el DF actual: cada esquizofrénico dejando una parte de su locura en la identidad chilanga. Uno también podría verlo como el charco de vómito más grande del mundo. En el DF viven 9 millones de monos chilangos. Solo en el DF, pero desde arriba no se ven las líneas que delimitan el DF y la Zona metropolitana, entonces se confunden todos en el mismo desmadre. Hay 22 millones de monos en la zona metropolitana. Ellos también son chilangos.

Mexico-City-by-Pablo-Lopez-Luz

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Capitulo 3