Capitulo 2

– El que chinga jamás lo hace con el consentimiento de la chingada. En suma, chingar es hacer violencia sobre otro. Es un verbo masculino, activo, cruel: pica, hiere, desgarra, mancha. Y provoca una amarga, rensentida satisfacción en el que lo ejecuta.

Octavio Paz 123

Un zape, hubiera sido un zape, o una pomba, si la mano hubiera venido más lento, o también si el policía dando generosamente este zapecito fuera más flaquito, con músculos de tamaño más normal. Aquí en el DF, a veces se les llama monos a los hombres, o sea changos. Pero este hombre era más bien gorila, y bien cabrón. A King Kong mismo le daría miedo. No, definitivamente no fue un zape, más bien fue un putazo por atrás de la cabeza: un chingadazo. Después hubo más putazos, por atrás de la siguiente cabeza. Estaban tres en la sala de interrogación. Ya mil preguntas habían caído, pero ni una repuesta pertinente según el gorila. Unas sillas, una mesa, un foco con luz tímida y se iban lentamente acumulando unos charquitos de sangre por el piso.

– Llora macuarro, llora. Que gacho nacho. Que no me dices que le hicieron a esa putita, chance y no tengo que pagarme el gym.

Dijo amablemente el policía. La baba rosita ya salía de la boca del chavo mas grande, pero los sonidos eran incomprensibles. Puras babosadas rojas. Qué lastima esta pinche historia, pensaba el guey. Hace unos días había sólo dos cosas que él quería. Ser luchador para llenar sus bolsillos de dinero, un montón de dinero. La lucha en si misma a ver si le gustaba. Hace poco no había probado el deporte. Pero acá, en este momento no podía luchar. Él también quería a esta chica. La misma chica por la cual recibió otro putazo.

– ¡Te estoy hablando, pendejo!

Para ser preciso, el gorila estaba gritando. Quizá la raíz etimológica de la palabra putazo eran golpes que uno recibía por culpa de unas putas. Quién sabe.

– Oye, te dijimos que no sabemos. Nada, neta.

Apunto su acólito. A él le importa también la chica, quizá por eso también compartió un poco más de la generosidad del policía. La acústica era bastante buena, se pudo escuchar el putazo como en las películas del Santo. Como si estuvieran todos en la sala Nezahualcóyotl pero sin el talento de un músico. Desafortudanamente, no vino a su rescate el Santo, tampoco el Chapulín Colorado. Todos esos años frente a la tele no sirvieron de mucho.

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Los iban a apandear. Lo sabían, y habían visto la película, pero solo uno leyó el libro. Al alchichincle, el otro chavo, no se le antojan tanto los libros. Unos cómics talvez: los mangas de la esquina llenos de chinitas bien guapas, cogiéndose monstruos diabólicos día y noche. El arte y la historia en general no le interesaban. No iba al museo, aunque hay un chingo en la ciudad, aunque la ciudad misma es un museo. Los únicos dibujos que valen la pena son los de los billetes de 500 pesos.

– ¿Y cómo dijeron que se llaman? ¿Nacoloa? ¿Nexoxcho? ¿Unos campesinos perdidos en la urbe, verdad? Pinches jinchos, mejayotes de mierda. Ya es un desmadre el DF, no los necesitamos aqui. Unos madrazos más llenanon el silencio. A ver qué da más miedo; el ruido de un putazo o el silencio que sigue. En el centro de la ciudad, casi no existe el silencio, aunque nadie dice nada.

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Capitulo 2